Primera Instrucción de Escalada desde la vista de un anónimo crónico

Relatado por: Trebol de 4 hojas

Que esperarme? La roca. Esa fría y extraña sensación que se siente en los dedos al tocarla. Es lo único que sabía de ella. Y que las hay en grandes cantidades en la cordillera, que de pronto florece alguna en el campo. Que las hay pequeñas en las playas. Algunas tan diminutas que no se distinguen y se cuentan por millones en un puñado. Que las hay planas para lanzar al agua y jugar largo rato haciendo sapitos. Pero ahora era algo nuevo. Y no era sólo la roca. También estaba la cuerda, el arnés, el mosquetón, un artefacto de nombre modernista y mi querido cordín. Practiqué los nudos lo más que pude, pero sin saber si estaban bien hechos no sabía cómo seguir. El ocho resulta complejo, el machar algo confuso y el ballestrinque inútil. Pero ahora era momento de probarlos.

Llegamos a Coliumo y caminamos por la costa por entre rocas y bosques hasta un lugar abierto. Es temprano, el día está perfecto, la vista hacia el mar por entre las copas de los pinos es agradable y todos en el grupo sonríen mientras se presentan. Luego nos comenzamos a preparar y tras una rápida explicación de pronto estaba junto a la cuerda y listo para bajar. Rapel, y el entusiasmo me hace empezar. Pero falta aún un chequeo, y menos mal!, porque tengo el mosquetón abierto. Sujeto con la mano izquierda el nudo de seguridad y con la derecha el rezago de cuerda. Y partí. No se hace complejo. Echarse para atrás y sentir la cuerda resistir tu peso. Pienso de pronto en el árbol del que estoy colgando. Estará lo suficientemente firme?. Si se corta pasaré hacia abajo y no me espera nada bueno a pesar del casco que tengo que usar. Prefiero no pensar. La mano izquierda se me comienza a cansar. Que no apriete me dijeron arriba. Imposible. Si me relajo salgo disparado, pienso. Mientras más bajo resulta extrañamente más sencillo. Casi voy sentado en el arnés y la cuerda se desliza suave. Si no fuese porque tengo los nervios de punta! Pero ya está. Antes que lo hubiese notado estoy abajo y me siento bien. Lo he logrado!. Espero que los nervios no se hayan notado, pero con movimientos torpes me cuesta un mundo abrir el mosquetón para soltar el dispositivo y soltarme de la cuerda. Lo logré, lo logramos todos, no era tan terrible después de todo.

Ya después de una buena pausa para almorzar y de observar como terminan de bajar todos mediante el rapel, comienza la escalada. Esto me resulta desafiante, quiero intentarlo. Pero primero, ese desagradable nudo ocho. Como es que se hace!. Lo practiqué tanto y no me resulta. Menos mal hay quien me ayude. Y es el mismo que me asegurará, así que más le vale que lo haya hecho bien. Sin pensarlo me tomo de la roca con determinación, pero no había ni subido un metro cuando me pegan el grito. Por supuesto que olvidé la voz de “Voy” que me dijeron recién. Ahora sí, seguro de que me están afirmando comienzo a escalar. Una grieta en la roca me brinda buenos lugares para los pies mientras busco con la vista algún lugar que me permita poner las manos. Las encuentro y comienzo a ganar altura. Subo y mi ánimo también. Se siente agradable esto de la escalada. Miro hacia abajo y el suelo se pierde entre mis piernas. Que rápido que he subido!. De pronto la grieta se ensancha y no veo donde tomarme. Intento en la orilla izquierda, pero nada. Estiro la mano buscando ciegamente arriba, pero tampoco. Las piernas me tiemblan al resistir la carga del cuerpo, pero no logro relajarme. Una pista me llega desde lo bajo. Una grieta diagonal que no había visto permite tomar la mano izquierda y con fuerza bruta me levanto todo lo que puedo. Logrado!. He llegado a una terraza pequeña y descanso un momento las piernas que tiritan sin control. Pero el desafío sigue. La pared se vuelve prácticamente vertical y una grieta indica el camino a seguir. Por suerte encuentro buenos lugares para empujarme hacia arriba. Con algo de ayuda de quien me asegura, y tras algo de esfuerzo alcanzo -estirándome completamente- una roca, me alzo y llego al borde. Lo he logrado!. Puedo seguir unos metros más por el borde de la roca y llego a la cadena que marca el final de la ruta. Lo he logrado, he escalado esta roca que desde abajo se veía tan difícil!. Me dejo bajar según las indicaciones y miro la roca con incredulidad y satisfacción mientras desciendo.

Así corre el día y tras intentar un par de rutas diferentes se ha puesto el sol tras la roca y termina la actividad. Que gran experiencia!. Vuelvo a tocar la roca y siento esa misma sensación que conocía. Ese frío y aspereza, pero ahora con algo de calidez, con algo nuevo que no conocía. Con algo que me invita a seguir intentando. Con algo que me invita a seguir aprendiendo.

Gracias a RAUC por esta actividad. Gracias a Coliumo por la experiencia. Gracias.

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