Montañismo

Ascenso al Volcán Llaima

Relato: Gustavo Tapia Gallegos

Respetado por algunos, infravalorado por otros. Diversos comentarios había escuchado de este volcán, pero no hay mejor impresión que la de uno mismo y cuando tuve la dicha de realizar el Lonquimay  y ver lo imponente que era su vecino, ya no habían más dudas seria mi siguiente desafío.

Con camioneta llena se conformó un equipo de 5 socios, Paulina, Gonzalo, Wade, Ariel y yo. Saliendo de Concepción el sábado 31 de agosto a las 4:30am a buen ritmo ya estábamos a las 7:30 en el parque Nacional Conguillio. En plena entrada del parque nos bajamos para ir al baño y nos percatamos que un neumático se había pinchado con una piedra. Gonzalo con gota gorda y mostrando la alcancía como buen mecánico, salió del paso y cambio la rueda, la cual posteriormente fue arreglada en una vulcanización en Cherquenco.

Ya instalados a buena hora en el centro de ski las araucarias, aprovechamos de sus servicios de casino en un ambiente típico de skiadores zorrones.

La aproximación hacia el ultimo andarivel ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, y lo mejor fue que hubo tiempo para contemplar el atardecer.

El campamento base lo realizamos en un terreno más expuesto que protegido, sin embargo el viento no fue trascendente y se pudo descansar cómodamente. Todos despiertos a las 3:00 empezamos arreglar nuestras cosas para el ascenso, mochila de ataque y crampones. Comunicados con radio cada uno, dimos inicio al ascenso a las 4:15 aproximadamente.

La temperatura estaba para andar bien abrigado, así que a paso lento para no sudar tomamos rumbo hacia la cara norte. Al cabo de unos minutos por radio Paulina comunico que tenía problemas con sus crampones, en eso Gonzalo la asistió. Los demás seguimos rumbo y cada vez tomando más distancia a la cordada, sin embargo, al rato fue Gonzalo quien me pide ayuda para asistir a paulina.  Wade y Ariel siguieron avanzando, mientras yo retrocedía para acudir a la ayuda.

Eran crampones nuevos, los ajustamos al mínimo, no obstante las botas eran semirrígidas, no me causaba buena impresión, hicimos todo lo posible por dejarlo  lo más apretado, evaluamos la pisada en marcha y nuevamente se soltaron, en consecuencia Paulina nos alentó a ir por la cima y tomo la decisión más responsable, devolverse al campamento base, ya que la seguridad prima ante lo demás.

Era considerable la distancia que tenía con los demás, por lo tanto el plan era avanzar a paso constante y dejar ya de lado las reiteradas pausas, por el acontecimiento anterior. Gonzalo que físicamente no se encontraba en las mejores condiciones, me dijo que fuera a mi ritmo, que no lo esperara y bajo cualquier eventualidad nos comunicáramos por radio.

El transcurso del tiempo plasmo el inicio de un escenario memorable bajo mi perspectiva, había comenzado el hielo y la pendiente estaba aprox a 40°, no veía a los chicos por delante ni tampoco a Gonzalo que iba atrás, me encontraba solo siguiendo la ruta que llevaba guardada en el GPS y que habíamos acordado seguir. Realizar un ascenso e ir tomando decisiones es algo muy gratificante y si a eso le sumamos un amanecer entre amarillo, rojizo y violeta, esto se convierte en un verdadero espectáculo.

Empecé a divisar donde estaba Ariel, se encontraba terminando un filo que estaba a mi izquierda, del  cual yo todavía ni siquiera me había insertado, por lo tanto tenía 2 opciones, ir de cabeza al filo  o seguir vertical hacia arriba e ir tomando de a poco la diagonal. Me incline por ésta última, consideraba que me ahorraba distancia, que la inclinación de la pendiente iba in crescendo de manera gradual y a su vez me daba independencia en mi toma de decisiones. Así fue, adquirí una seguridad y confianza personal, el cual me acompaño en todo este desafío.

Posteriormente, había un hito en donde todos acudimos en distinto lapso, era una gran roca en donde se podía descansar. Pasado éste hito la pendiente crecía y comenzaban a encontrarse protuberancias de hielo deformes, de tamaño variado parecido al de una bota e inclusive más grande. Esto le dio una sazón al terreno, ya que te daba la sensación de que en algún momento alguna protuberancia se pudiese romper y provocarte una caída.

De a poco el tamaño de estas protuberancias fue aumentando,  y en su medida fue favorable ya que se generó una especie de escalera de hielo. Fiel a mi visión de disfrutar el momento, me senté en un bloque grande de hielo, y con cafecito en mano, me di el tiempo de disfrutar de la increíble panorámica.

Luego de este descanso,  la convicción era de lleno la cima, a paso seguro me fui acercando cada vez más, pero se presentó otra sazón al terreno, eran canaletas cubiertas por hielo, o sea, ibas caminando y observabas un agujero en el hielo y te percatabas que se formaban túneles de aire entre la piedra volcánica y el hielo, por lo tanto existía la posibilidad de que al caminar por encima del hielo cercano al agujero, este se pudiese quebrar y pasar de largo a la canaleta. Esto exigía mayor preocupación y análisis de donde se debía seguir transitando.  Los últimos metros estaban lleno de agujeros, me comunique con Wade que ya había coronado y me recomendó seguir una canaleta y continuar con un acarreo.

No encontré la canaleta que me indicaba el gringo, o talvez me encontraba en ella y no me tinco, en consecuencia, llegue por otro lado en base a mis decisiones, al igual que casi todo el trayecto.

Los chicos me recibieron con abrazos, el premio era una vista excepcional, el viento era agradable así que a disfrutar.

 Luego de una hora en la cumbre, el oriundo de Oregón a eso de las 10:45 dice: “Ya empecemos a bajar”, por mi parte quería esperar a Gonzalo, así que nos comunicamos por radio para saber en qué condición estaba, altura y si tenía por objetivo hacer la cumbre. El hombre deseaba la gloria, así que se llegamos al conceso de esperar hasta las 12:00.

A las 11:15 Wade un tanto preocupado, nos dice que es mejor bajar ya que en base a lo despejado que estaba y al poco viento, el hielo iba a perder calidad y nos costaría más bajar. Nos comunicamos de nuevo con Gonzalo que se encontraba a 2900msnm, comprendió el escenario que se avecinaba así que concordamos que se debía bajar desde ahora.

Comenzamos el descenso de manera paulatina, evitando estar juntos, por la posible caída de material, en eso Ariel por radio nos advierte: “Cuidado con las trampas de hielo”, y es que había pasado sobre el hielo que formaba la canaleta y éste se rompió pasando de largo al túnel.

Era mi turno y comencé a descender por donde iban los demás, sin embargo como había subido por otro lado, no me sentía muy seguro, sumado a eso se veían muchos agujeros de distinta profundidad.

Fue mi turno, con una pisada se quebró el hielo y pase de largo a la canaleta que tenía una altura aprox de 1,20mt, por suerte no me doble el pie… y resulte ileso. Me devolví a la cumbre y decidí que diablo conocido era mejor, así que realice el descenso por donde había subido.

Ya bajando y teniendo a todos a la visual, sentía que el objetivo se estaba cumpliendo de la mejor forma, sin embargo, al transcurso del tiempo me percato que estaban los 3 detenidos en un punto, pregunto por radio que estaba pasando y era que a Gonzalo le estaban acomodando los crampones….”otra vez no” dije en mi interior.

Llego y se supone que ya estaba todo bien. Descendiendo en una pendiente de 45° de hielo Wade y Ariel tomaban ruta en zig zg por la izquierda, y Gonzalo se dirige por la derecha, lo noto muy cansado caminando y le digo que mejore la técnica de marcha, en eso me viene un mal presentimiento y decido ir cerca de él por cualquier eventualidad. En eso en plena pendiente se le sale el crampón, se cumplió la profecía, así que lo socorrí y nuevamente le dije que continúe a paso lento pero seguro…. En eso sigue descendiendo y al cabo de unos metros veo que Gonzalo pierde el equilibrio y cae al hielo, tomando velocidad desde el primer segundo, en una maniobra rápida acomoda su piolet con ambas manos y realiza la técnica de autodetención, pero sigue el desplazamiento en el hielo, como también sigue aumentando la velocidad, en eso le grito: “DOBLA LA RODILLAS”, pero fue inútil, iba en su mundo, en una pelea interna… Cada vez más se acercaba a una cornisa que traía consigo a una pendiente de aproximadamente  65°, se arrastró aproximadamente 50 metros, pero la mantención de la posición le permitió detenerse quedando a metros de la cornisa.

Un tanto adolorido, pero ileso, impregnado a un olor como a quemado, recupero el aliento y ya luego más calmado seguimos el descenso. Posterior a esa pendiente el terreno luego se volvía más llano.

Finalmente llegamos al CB, estábamos todos muy exhaustos, fueron aproximadamente 11 horas de amor, Paulina nos recibió muy contentos, el objetivo se cumplió y el accidente no pasó a mayores.

La celebración nos esperaba en el casino, una Llaima negra a la vena y unas hamburguesas caseras preparadas a la plancha.

Esta salida me dejo muchas reflexiones, en cuanto al equipo, la emoción, responsabilidad y confianza interna, el análisis del terreno, el compañerismo y entender el dicho que la mala hierba nunca muere.

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